Irán atraviesa uno de los momentos de mayor inestabilidad política y social de los últimos años. Las protestas masivas contra el régimen se intensificaron durante las últimas horas y ya dejaron al menos 538 personas fallecidas y más de 10.000 detenidas, según balances difundidos por organizaciones de derechos humanos que siguen el conflicto desde dentro y fuera del país.
Las manifestaciones, que comenzaron a fines de diciembre impulsadas por el deterioro económico y la pérdida de poder adquisitivo, derivaron rápidamente en consignas políticas abiertas contra el liderazgo religioso y el gobierno. En varias ciudades, las movilizaciones se sostienen pese al despliegue de fuerzas de seguridad y a la represión que se profundizó en los últimos días.
Represión, apagón informativo y clima de tensión interna
El gobierno iraní respondió con un fuerte operativo de control, que incluyó detenciones masivas, presencia militar en las calles y restricciones al acceso a Internet. La interrupción de las comunicaciones dificulta la verificación independiente de lo que ocurre en distintos puntos del país, aunque continúan circulando imágenes que muestran marchas multitudinarias, enfrentamientos, incendios y operativos represivos.
Desde las autoridades se sostiene que los disturbios son impulsados desde el exterior, mientras que sectores opositores denuncian violaciones sistemáticas a los derechos humanos y un uso desmedido de la fuerza contra la población civil.
Las mujeres, protagonistas de la protesta social
Uno de los rasgos más visibles de la actual ola de movilizaciones es el protagonismo de las mujeres. En distintos puntos del país se registraron acciones simbólicas de alto impacto, como la quema pública del velo islámico y otras expresiones de desobediencia civil. Estas manifestaciones se convirtieron en un emblema del reclamo por mayores libertades individuales y contra las restricciones impuestas por el régimen.
La participación juvenil y estudiantil también creció de manera sostenida, ampliando el alcance social del conflicto y transformando las protestas en un movimiento transversal que excede las demandas económicas iniciales.
Tensión externa y amenazas cruzadas
En paralelo al conflicto interno, la situación generó un nuevo foco de tensión internacional. Desde Teherán se advirtió que cualquier intervención extranjera sería considerada una agresión directa, mientras que desde Estados Unidos se evalúan distintos escenarios frente a la crisis. Las advertencias cruzadas elevan el nivel de incertidumbre y suman un componente geopolítico a un escenario ya altamente inestable.
Mientras tanto, las protestas continúan y el conflicto se profundiza, en un contexto marcado por la represión, el malestar social y la creciente presión interna e internacional sobre el régimen iraní.
